
A veces, el mundo de internet no es tan fácil como parece, por lo menos en cuanto al acceso al salto digital de los negocios para micro-empresarios como yo. Les cuento:
Si yo necesitara un catálogo tradicional para que mi red comercial tuviera un apoyo en la presentación de ventas, lo tendría fácil, o por lo menos, todos sabríamos a dónde acudir: diseñadores freelance, agencias, imprentas, etc., así que el circuito de aprovisionamiento sería sencillo.
El diseño gráfico es una disciplina en la que podemos encontrar múltiples profesionales, y muchas veces los podemos distinguir por la cartera de clientes y lo que han hecho por ellos. Es decir, antes de contratarlos podemos disponer de una muestra de trabajos anteriores, y seguramente con profusión.
No quiere esto decir que todo el que se llama diseñador lo sea, cuántas veces nos encontramos con que el presunto profesional es sólo un figura manejando el Corel y el Photoshop. Pero eso no hace a un diseñador.
Tiene que conocer de comunicación, de marketing y publicidad , de teoría del color, tipografía, de soportes… es decir, de todo lo que hace que se sea o no se sea un buen profesional del diseño, y que cuando veamos sus trabajos nos quede la impronta de que estamos ante la esperanza de un buen servicio.
Volvamos al principio: necesito a alguien que sea diseñador web. ¿A que parece sencillo conseguir uno? Pues nada de eso, o no son accesibles o no me gusta lo que veo. La primera opción, la de no ser accesibles, querría decir cuando menos que en casa de herrero cuachara de palo, ya que vendiendo servicios web, creo que deberían estar más a la vista.
Lo segundo me tiene hablando solo, y es que me da la impresión (y le pasa a otros empresarios y ejecutivos de Canarias con los que he compartido este problema), de que muchos diseñadores vienen del diseño gráfico y tratan de entrar en el mercado de diseño web queriendo manejar los conceptos válidos para otros medios. Y no puede ser así, de hecho, muchos proyectos fallan, pues o no terminan de aprobarlo los clientes o si lo hacen, no les proporcionan la utilidad esperada.
Muchas webs son de agencias mixtas, ofrecen servicios web a la vez que diseño gráfico para otros soportes. No es que tenga nada contra los diseñadores web, y además, es entendible que combinen actividades, ya que es muy difícil vivir de la especialización. Pero sería deseable que pudiera pasar desde el punto de vista del cliente, yo en este caso.
Pero es que cuando veo los trabajos realizados, veo cosas que no me gustan:
Muchas veces trabajan con plantillas ya hechas, bajadas de alguna de las web que te proveen gratis o pagando un poco, nunca comparable a una hecha a medida (www.layouts4free.com; freecsstemplates.org, por ejemplo). Estas webs cumplen su función, el problema es que alguien te quiera cobrar el doble por hacer de “intermediario”.
Otros casos presentan lo que muchos negocios demandan: hazme una web para mi empresa, sencillita y bonita. Lo que están pidiendo en realidad es la traslación de su catálogo impreso a la versión online. El resultado es una página sosa, a modo de escaparate, y que muchas veces se hacen en flash para poder darle un valor añadido al trabajo del diseñador. Por cierto, no es que el trabajo en flash desmerezca, si quieren ver cosas interesantes hechas en la isla, échenle un ojo a La Buona Pizza, un despliegue de efectos que cumplen con abrirnos el apetito y pensar en un sitio acogedor para pasar un buen rato.
La cosa, es que quiero más: no me basta con un programador flash virguero, aunque seguramente en algún punto de mi web me hará falta (o no, no lo sé).
No me basta con un diseñador con gran creatividad, esto es básico, por supuesto. Incluso, si quisiera ir más allá, a lo mejor llamaría a un buen ilustrador, pero tampoco sería suficiente.
Todos ellos necesitarían a alguien experto en algo que se ha llamado usabilidad web, es decir, ese profesional encargado de que el usuario se sienta cómodo y obtenga el provecho esperado navegando por el site. Parece fácil, pero hay que estar ahí e intentarlo. Y entramos en la madre del cordero: la experiencia del usuario. Si él no se siente atraido y retenido por nuestra web, lo hemos perdido, y puede que para siempre.
Y no es que falte información, porque hay de todos los tipos: en Wikipedia, Desarrolloweb.com, UX Booth, y una web que me gusta mucho, Webdesigner Depot.
En resumen: no es lo mismo manejar programas informáticos que ser diseñador, y no es lo mismo diseñar una cosa que otra.
De tanto buscar localmente, me ha dado por pensar globalmente (recordando a Nicolas Negroponte), y me pongo a buscar. Y me topé con lo que parecía la gran esperanza blanca:
todo parecía perfecto, pues se trataba de un servicio on line en el que podías usar dos modalidades de encargo de trabajos. La primera, basada en el presupuesto, ya que explicabas tu proyecto y los diseñadores presupuestaban, escogías el presupuesto que más te interesara y trabajabas con ese profesional. La otra fórmula es la que más me gustaba, ellos la llaman Contest, es decir, un concurso. Subías tu proyecto, pagabas un fee que costaba entre 30 y 50 dólares, decías con qué presupuesto contabas, según este te daban el número de propuestas de diseño esperado y ya está. Cuando te llegaban las propuestas elegías la que más te gustaba y entonces comenzabas a trabajar con un diseñador. El problema fue que el 5 de junio todo cambió. Cambió la filosofía y con ella las garantías para los clientes. A partir de esa fecha, ya no bastaba con pagar los 50 dólares (35 €). Ahora tenías que pagar por adelantado esa cantidad más la cantidad que ofrecías como presupuesto (por ejemplo, para un diseño web con buenas respuestas 1.035 €). Antes, si no te gustaba ningún trabajo presentado, no pagabas la cantidad ofrecida. Ahora, se dicen que amplían el plazo de presentación de ofertas y que puedes tener feedback con los diseñadores… el caso es que ya has pagado y si no te gusta te aguantas.
La cosa es que si vas a ver el bagaje con el que cuentan, haces lo mismo que yo: no te arriesgas y ya está. Y sigo buscando diseñadores web: no de otra cosa, no informáticos, sino diseñadores web en el sentido integral. Ya les contaré.